Flores de otro reino
A la Bailarina y la Maga Cósmica.
Ese día en la tierra se sembraron las semillas de todas las plantas con flores que hoy conocemos, y las que nuestros ancestros vieron. Millones de duendes y hadas vinieron de toda la galaxia para ser guardianes y jardineros. La fiesta fue una lluvia de colores y sonidos. La tierra abría su piel, respiraba, se bañaba con gotitas de agua que justo llegaron en ese momento.
Las semillas se esparcían, saltaban inquietas hasta llegar cada una a su lugar determinado. Todas traían la vida en su vida y muchas germinaron en el acto de llegar, con una gota de agua y tierra bastó, otras a los días, y las menos a los años (aunque algunas esperaron por cientos de años su primavera).
La sinfonía del universo tocada en minutos, toda una eternidad resumida en un día, flores, viento, agua, verde, la tierra estaba deslumbrada, hacía tiempo que no se festejaba en su casa una primavera.
Todos los elementales (hadas, duendes, ondinas, sirenas...) bailaban y dibujaban hojas y ramas, los espíritus de los pinos más viejos rejuvenecían.
A los lejos venía un zumbido que se sumó despacito en la sinfonía, pero en minutos el zumbido era todo lo audible. De pronto se hizo visible, eran pequeñas flores que volaban, venían danzando por el cielo y a su paso entraban y salían de las otras flores.
Flores danzantes, pequeñitas, simples, milagrosas. Se agruparon en árboles, de ahí entraban y salían, mágicas. Los elementales miraban fascinados a esas flores dotadas de una vida que no era la vegetal, flores de otro reino (así las llaman desde ese día). Igual de bellas que las otras, pero que danzan sobre las plantas, en el aire, en el piso, siempre danzan.
Cuando me contaron esta historia pensé que se trataba de una versión del Libro del Génesis de los Elementales e imaginé que esas flores habrían desaparecido hace miles de años y que por ello no había constancias de ellas en los registros de los hombres, así que les pedí más referencias a los duendes y hadas de la ronda (estábamos celebrando una luna llena una noche de abril alrededor de un fuego de leña perfumada), esperaba una larga explicación, así que me acomodé para escuchar. Cuando un zumbido su sumó a la sinfonía de esa noche, un hada indicó una abeja: Esa, esa es una flor de otro reino.
HFC