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domingo, 27 de junio de 2010

EL AGUILA Y EL OSO


EL AGUILA Y EL OSO (un kin blanco del telar maya)
Unos niños corren, se escuchan gritos, y un revuelo de guardapolvos blancos. En un costado del patio, en medio del recreo de las nueve, dos alumnos de primer grado se han dispuesto a pelear.
La maestra intuyó, sabía que algo no estaba bien en ese momento, como un marino que ve el mar y distingue las sutilizas de cada ola, por ello empezó a caminar. Al llegar, sin correr, caminando al encuentro, la pelea recién iniciaba. Mateo había empujado a Gustavo, y este le tironeó el bolsillo que se descoció sin romperse.
Estela, la maestra de plástica, llegó y ellos se separaron, la ronda de compañeros hizo silencio, la Maestra escuchó los corazones, en el acto miró a los dos y al resto, con parsimonia preguntó: ¿qué hacemos?
Los más grandes de la escuela conocen a la Maestra, y propusieron que se abracen y cada uno le pida perdón al otro. Ellos se negaron. Los que no conocían a la Maestra esperaban que por lo menos se les impusiera una penitencia, y Carlos -el más alto de primer grado que hace unos días cumplió seis años, puesto que al otro del grado lo conocen por Carlitos- dijo con autoridad: Que se queden sin merienda. Ana, la de segundo que su hermano va a cuarto, en tono pacífico y claro: Que los rete su mamá. Estela preguntó de nuevo, Qué hacemos. En una nueva propuesta, casi unánime, Que se den la mano y una disculpa. Ellos se negaron.
Mateo no lograba pensar, sentía mucha furia y una mano gigante en su estómago que prendía fuego y le decía: Mira como te rompió el guardapolvos nuevo, Gustavo sólo sentía su respiración, y cómo las venas parecían estallar, apenas una voz que se preguntaba, Porqué terminé aquí peleando.
Estela los miró de nuevo y les preguntó, pero ya dirigiéndose a ellos dos, aunque todos escuchaban: ¿Qué hacemos? Gustavo dijo, luego de un rato y cuando la voz dentro suyo fue más fuerte, Nos demos la mano y nos pedimos disculpas. Desde el estómago de Mateo unas cuantas voces le decían que el no tenía que pedir perdón, que era todo culpa de Gustavo.
La Maestra miró a Mateo y vio como las olas indicaban una tormenta, un mar enfurecido, ella sopló unas nubes feas y les dijo: Que tal si cada uno toca su propio corazón y el del otro. Con un gesto explicó, mano izquierda en el pecho y extendido la derecha sobre el corazón del otro. Las voces que sentía Mateo se volvieron confusas, cómo es eso de tocar el corazón, pero si las voces de su estómago no dicen nada Mateo es libre. Mateo asintió con la cabeza.
Los testigos miraron la escena, duró unos segundos. Mateo en ese momento sintió un remolino, un gran oso marrón estaba pescando en un río, no tomaba nada que no le perteneciera, era como comer lo que estaba allí para ello y a la vez sintiendo una sensación hermosa, la de ser todo sin voces, la naturaleza sin palabras... ver un ser y nada que diga árbol. Gustavo estaba en pleno vuelo, sus alas estaban completamente desplegadas, a lo lejos un pequeño ratón comía, su cuerpo se inclinó y con el viento se lanzó, no entendió nada, hasta que sintió que su estómago lleno y en gratitud, mientras se alejaba de unas montañas en pleno vuelo.
Estela sabía que algo había sucedido, pero alguien le había tapado los ojos puesto que era un secreto entre el Oso y el Águila. Ella pidió que se miraran a los ojos y preguntó, pudieron sentir los corazones. Susurraron asombrados, si. ¿Pueden seguir peleando? Con las miradas profundas y las cabezas acompañando dijeron no.
El Oso pintaría en la clase de plástica todo, el Águila guardaría su secreto. Mateo y Gustavo no se hicieron amigos, nunca más pelearon, pero se supieron parte del mismo todo, con el tiempo el Águila entendió que el también era Oso.

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UNA BROMA DE DUENDES

UNA BROMA DE DUENDES
Sabido es que los duendes son grandes bromistas, no son "grandes" por su tamaño, sino por su enorme tendencia natural a divertirse con la seriedad ajena. El trabajo de ellos es de suma importancia para la tierra, son los encargados de tomar las bolitas de energía que están dispersas y llevárselas a las hadas, para que den formas a las flores y hojas de las plantas, y especialmente ellos pueden transformar las bolitas de energía negra que salen de la gente enojada en preciosas perlitas verdes.
Una extraña sociedad secreta, que por el simple hecho de ser nombrada aquí dejó de ser secreta -pero ese es un secreto- formada por hombres muy serios, decidió que nadie debía interferir con sus burbujitas negras. Es que ellos pretendían que todas las burbujitas se conviertan en nubes negras para tapar definitivamente el sol. Como todos se dan cuenta, era un plan muy oscuro y serio.
Esta sociedad, que era secreta, se reunió un día gris y todos sus miembros decidieron que los duendes y sus bromas ya no eran graciosos, y que eran un verdadero peligro para sus oscuros planes, por ello planificaron con mucha prolijidad y cuidado el modo de hacer que los duendes dejaran de transformar sus burbujas oscuras en preciosas perlas verdes, que además daban energía a las hadas que formaban las plantas y llenaba el mundo de color, vida y alegría. Luego de un corto debate en el que discutieron cuestiones de forma y fondo sobre la base de estadísticas acordaron que encarcelarían definitivamente a todos los duendes.
El plan era simple, como los duendes son grandes bromistas y una de sus travesuras preferidas es desacomodar las pipas, los sellos, las corbatas y los paraguas sin estrenar, idearon una trampa con barrotes invisibles que consistía en colocar todos estos elementos ordenados de mayor a menor y por color en degradé. Ante este señuelo los duendes entrarían tentados en desordenar a las trampas. El oscuro plan funcionó a la perfección.
Las trampas se dispusieron en los bosques siguiendo un esquema de triángulos y en todas ellas había una pipa, un sello con muchas letras y un escudo, dos corbatas con los nudos hechos y un paraguas sin estrenar.
Todos los duendes fueron atrapados, puede que el primero no haya percibido la trampa pero lo extraño es que los restantes hacían filas para ingresar, hasta se ordenaban de menor a mayor, y cantaban felices al ingresar, ninguno intentó escapar.
El duende que me contó esta historia asegura que ellos no pudieron resistirse en hacer esa broma, yo estaba confundido, le pregunté qué broma, se rió hasta caerse de la silla.
La otrora sociedad secreta festejó en secreto, tan contentos estaban que se animaron a sonreír, el éxito del oscuro plan estaba asegurado, aunque el más serio de los serios continuaba preocupado, dicen que estaba más serio que de costumbre (afirmación realizada por el contador del grupo que señaló que tenía cinco fruncidas extras en su ceño), hasta con sus solas burbujas negras ya se estaba formando una nubecita sobre su casa. Pero los menos serios de los serios se atrevieron a sonreír infringiendo el artículo 38 del código de su sociedad, hasta algunos se aflojaron los zapatos y estiraban relajados los dedos de los pies, y unos pocos decidieron juntarse a festejar.
Se reunieron en secreto en un salón con un piano, uno de ellos se animó a tocar una melodía fúnebre, pero poco importaba al más despistado del grupo que pese a la triste canción intentó bailar, luego de años sin darle ritmo a su corazón se tropezó, uno se rió, se paró e intentó de nuevo, al quinto intento y entre risas, arrancó el baile, el de corbata marrón se paró y aplaudía feliz. En el acto todos los duendes quedaron libres, es que las trampas funcionaban con energía mental, si los carceleros bailan no hay rejas para nadie, ambos se vuelven libres.
Con tranquilidad los duendes salían de las jaulas, jugando con las pipas a las que le ponían jabón para hacer burbujas, con los sellos sellaban papeles imaginarios que decretaban la libertad, con los paraguas se dejaban llevar por el viento y de las corbatas salían preciosas mariposas de tela.
La antigua sociedad secreta se disolvió sin necesidad de ninguna formalidad, muchos de sus miembros se transformaron en pintores, escultores, narradores, trovadores, fabricantes de juguetes y de abrigos de colores. También otros formaron otra sociedad secreta más secreta que la anterior.
Cuando el duende que me contó la historia terminó su relato comprendí la gran broma de los duendes, no lucharon contra la sociedad ni las trampas, simplemente la disolvieron, de la trampa hicieron una fiesta y hasta las hadas encantadas con la alegría encontraron energía para hacer una primavera entera.
Al llegar a mi casa descubrí todas mis corbatas entre los juguetes de Victoria y Simón, mis hijos alegaron que fueron los duendes, cuando me reí de su ocurrencia vi como la planta casi seca que estaba en una maceta en la ventana de pronto estaba llena de flores, mi risa se volvió carcajada y me caí de la silla.

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FLORES DE OTRO REINO


Flores de otro reino
A la Bailarina y la Maga Cósmica.

Ese día en la tierra se sembraron las semillas de todas las plantas con flores que hoy conocemos, y las que nuestros ancestros vieron. Millones de duendes y hadas vinieron de toda la galaxia para ser guardianes y jardineros. La fiesta fue una lluvia de colores y sonidos. La tierra abría su piel, respiraba, se bañaba con gotitas de agua que justo llegaron en ese momento.
Las semillas se esparcían, saltaban inquietas hasta llegar cada una a su lugar determinado. Todas traían la vida en su vida y muchas germinaron en el acto de llegar, con una gota de agua y tierra bastó, otras a los días, y las menos a los años (aunque algunas esperaron por cientos de años su primavera).
La sinfonía del universo tocada en minutos, toda una eternidad resumida en un día, flores, viento, agua, verde, la tierra estaba deslumbrada, hacía tiempo que no se festejaba en su casa una primavera.
Todos los elementales (hadas, duendes, ondinas, sirenas...) bailaban y dibujaban hojas y ramas, los espíritus de los pinos más viejos rejuvenecían.
A los lejos venía un zumbido que se sumó despacito en la sinfonía, pero en minutos el zumbido era todo lo audible. De pronto se hizo visible, eran pequeñas flores que volaban, venían danzando por el cielo y a su paso entraban y salían de las otras flores.
Flores danzantes, pequeñitas, simples, milagrosas. Se agruparon en árboles, de ahí entraban y salían, mágicas. Los elementales miraban fascinados a esas flores dotadas de una vida que no era la vegetal, flores de otro reino (así las llaman desde ese día). Igual de bellas que las otras, pero que danzan sobre las plantas, en el aire, en el piso, siempre danzan.

Cuando me contaron esta historia pensé que se trataba de una versión del Libro del Génesis de los Elementales e imaginé que esas flores habrían desaparecido hace miles de años y que por ello no había constancias de ellas en los registros de los hombres, así que les pedí más referencias a los duendes y hadas de la ronda (estábamos celebrando una luna llena una noche de abril alrededor de un fuego de leña perfumada), esperaba una larga explicación, así que me acomodé para escuchar. Cuando un zumbido su sumó a la sinfonía de esa noche, un hada indicó una abeja: Esa, esa es una flor de otro reino.

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