Una serie de no pensares
1
Este es un cuerpo que se morirá, tarde o temprano. Miró sus zapatos, se descalzó y siguió caminando.
¿Qué hacemos mientras usamos estos zapatos?
2
-¿Qué estás pensando?
- Nada
- Eso es imposible.
3
- ¿Qué sientes?
- Nada.
5
Mientras leía el libro de los secretos, imaginaba una gran mansión llena de personas dispuestas a cumplir cada uno de sus caprichos. Afirmaba convencido, es la ventaja de saber cómo pedir las cosas al Universo
¿En qué difiere esto de las religiones? Todos deseando la misma mansión y el mismo séquito, leyendo el mismo libro de misterios.
8
Dejar el Yo, cada una de esas voces que proclaman desde un rincón de la cuadrícula: Yo soy hombre. Yo soy de izquierda. Yo soy de derecha. Yo soy de centro. Yo soy mujer. Yo soy bueno. Yo soy malo. Yo soy como un niño. Yo soy viejo. Yo soy heterosexual… homosexual… bisexual… soy de aquí, soy de tal club, de tal país, soy… las definiciones dan fin a la libertad de SER.
Cada vez que estoy en la cuadrícula mido mi felicidad, mi ubicación en el mundo, mi posesión, siento mi desdicha, aparece mi impulso humanitario de imponer mis pequeñas verdades para salvación de todos. Es que me estoy iluminando, dice una voz en mi cabeza. Voz fraudulenta e interesada que se justifica de avasallar el camino ajeno.
13
Cuando el soy encarna los zapatos, se endeuda eternamente pensando en los que necesitara mañana, extrañando los que uso ayer, dando puntapiés al mundo para que caminen igual a su ideal.
21
Uno de los tantos modos de uniformar al SER fueron los ejércitos. Si, si… si.
Los Señores, esos que sabían del libro de los secretos antes que los otros, necesitaban de muchos soldaditos. De un ejército en el que todos fueran iguales, no era posible mandar a mil hombres si cada uno quería ser conocido por su nombre, usar las ropas típicas de su zona, y pelear con su arma. Un ejército regular necesita que las órdenes se cumplan sin pensar, sin necesidad de un nombre, que al caer uno otro pudiera ocupar su ropa, su arma, sus zapatos. Si amigo usted intuye bien, que al jubilarse otro pueda sentarse en su escritorio, usar su máquina, vender, comprar.
El modelo ya lo tenían las religiones, las ideologías, lo siguieron las fábricas, las escuelas, las universidades, los hospitales, el Estado, la Unión de Estados.
La propaganda hace que todos deseemos la misma mansión, gaseosa, comida, lugar exótico, modelo de pareja, hijos, futuro.
34
Casi nadie nos cree cuando decimos que no estamos pensando en nada. Porqué. Es que hay tantas voces que el silencio parece imposible.
Imaginamos que hay infinitos caminos para callar todas esas voces impuestas por cada uno de los cuadraditos de esa gran cuadrícula holográfica.
Imaginamos que todos tienen que recurrir al SER, es decir, dejar el Yo soy por un momento, sacarse del zapato.
Cuando las voces gritan en la cabeza y buscamos Paz, queremos decir simplemente silencio.
Cuando estamos en Paz no estamos sintiendo nada en particular. A eso llamamos Paz, a la falta de tensión, al fluir.
Volver conciente la respiración, ser un gran cetáceo, inspirar, exhalar. En un momento no puede haber nada más que ello.
Si, si, es un inicio.
55
Acumular esos silencios, momentos mínimos, hasta que podamos expandir la libertad con solo caminar descalzos.
Libertarnos.
Cristaliandonos
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