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miércoles, 26 de octubre de 2011

UNA SERIE DE NO PENSARES


Una serie de no pensares

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Este es un cuerpo que se morirá, tarde o temprano. Miró sus zapatos, se descalzó y siguió caminando.
¿Qué hacemos mientras usamos estos zapatos?

2
-¿Qué estás pensando?
- Nada
- Eso es imposible.

3
- ¿Qué sientes?
- Nada.

5
Mientras leía el libro de los secretos, imaginaba una gran mansión llena de personas dispuestas a cumplir cada uno de  sus caprichos. Afirmaba convencido, es la ventaja de saber cómo pedir las cosas al Universo
¿En qué difiere esto de las religiones? Todos deseando la misma mansión y el mismo séquito, leyendo el mismo libro de misterios.

8
Dejar el Yo, cada una de esas voces que proclaman desde un rincón de la cuadrícula: Yo soy hombre. Yo soy de izquierda. Yo soy de derecha. Yo soy de centro. Yo soy mujer. Yo soy bueno. Yo soy malo. Yo soy como un niño. Yo soy viejo. Yo soy heterosexual… homosexual… bisexual… soy de aquí, soy de tal club, de tal país, soy…  las definiciones dan fin a la libertad de SER.
Cada vez que estoy en la cuadrícula mido mi felicidad, mi ubicación en el mundo, mi posesión, siento mi desdicha, aparece mi impulso humanitario de imponer mis pequeñas verdades para salvación de todos. Es que me estoy iluminando, dice una voz en mi cabeza. Voz fraudulenta e interesada que se justifica de avasallar el camino ajeno.

13
Cuando el soy encarna los zapatos, se endeuda eternamente pensando en los que necesitara mañana, extrañando los que uso ayer, dando puntapiés al mundo para que caminen igual a su ideal.

21
Uno de los tantos modos de uniformar al SER fueron los ejércitos. Si, si… si.
Los Señores, esos que sabían del libro de los secretos antes que los otros, necesitaban de muchos soldaditos. De un ejército en el que todos fueran iguales, no era posible mandar a mil hombres si cada uno quería ser conocido por su nombre, usar las ropas típicas de su zona, y pelear con su arma. Un ejército regular necesita que las órdenes se cumplan sin pensar, sin necesidad de un nombre, que al caer uno otro pudiera ocupar su ropa, su arma, sus zapatos.  Si amigo usted intuye bien, que al jubilarse otro pueda sentarse en su escritorio, usar su máquina, vender, comprar.
El modelo ya lo tenían las religiones, las ideologías, lo siguieron las fábricas, las escuelas, las universidades, los hospitales, el Estado, la Unión de Estados.
La propaganda hace que todos deseemos la misma mansión, gaseosa, comida, lugar exótico, modelo de pareja, hijos, futuro.

34
Casi nadie nos cree cuando decimos que no estamos pensando en nada. Porqué. Es que hay tantas voces que el silencio parece imposible.
Imaginamos que hay infinitos caminos para callar todas esas voces impuestas por cada uno de los cuadraditos de esa gran cuadrícula holográfica.
Imaginamos que todos tienen que recurrir al SER, es decir, dejar el Yo soy por un momento, sacarse del zapato.
Cuando las voces gritan en la cabeza y buscamos Paz, queremos decir simplemente silencio.
Cuando estamos en Paz no estamos sintiendo nada en particular. A eso llamamos Paz, a la falta de tensión, al fluir.
Volver conciente la respiración, ser un gran cetáceo, inspirar, exhalar. En un momento no puede haber nada más que ello.
Si, si, es un inicio.
55
Acumular esos silencios, momentos mínimos, hasta que podamos expandir la libertad con solo caminar descalzos.
Libertarnos. 


Cristaliandonos

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miércoles, 19 de octubre de 2011

Medita Pacífico Coherencia - Mamá Ballena


El océano como todo lugar, el cielo y  las olas, el sol y las nubes.
De algún modo la llamada llega y tu ser va hasta un lugar en donde la inmensidad no responde a lo que imaginabas como el cielo,  el mar en movimiento sacude tu cuerpo que salta.
Agua y cielo, la diferencia está en el aire, en exhalar e inhalar.

Copyright Susana Lucía Teisa - Gracias 

Es ahí cuando se dio cuenta de que era un cetáceo, un delfín que saltaba en medio del mar. El azul de arriba y abajo era casi igual, la temperatura, la textura y la energía. Todo se unía, pero el océano se separaba de las nubes por una capa de espuma que era el límite, que de salto en salto se mezclaba.
 
Se vio, ya no era un delfín, era parte de una ballena. La diferencia estaba en que hasta ese momento se había sentido un individuo, parte de una familia; ahora era parte de un Ser, que era parte de una Familia. El Ser se sentía más grande, pero su comprensión de ser un vestigio de algo fundamental, inmenso, le daba una perspectiva nueva. 

Ese Ser podía contener todo, sus células se mezclaron y comprendió su vida, como parte de una historia, como un fluir de un gran río, en que el cada cambió podía remontar la corriente y alterar el pasado y futuro.

Su mente por fin era simple, clara, como una cáscara se despojó de una mente ajena, foránea, llena de voces que hablaban de su importancia, de rencores, penas, heridas, necesidades. Una voz muy suave y firme le dijo Silencio, simplemente observa.
Habían llegado a un punto en el sur del océano pacífico, un remolino lo atrajo hasta el fondo del mar.
Cristales enormes y radiantes esperando (cuarzos, jaspes, fluoritas, amatistas…), la voz le indicó que uno le correspondía, sin saber porqué estaba junto a un citrino enorme, y sin entender cómo, su cuerpo estaba ya dentro. Con fuerza el cristal inició a girar, el descubrió que su voluntad era quien daba impulso. Se dejó llevar por la vida, como un trompo sobre el agua llegó a la costa, y en segundos remontó un río y llegó hasta su naciente en lo alto de los andes. Desde allí veía la energía de Gaia llegar (la Kundalini luego de su viaje), saludo mirando al Norte, un sacudón de luz lo fundió con  una roca de la cordillera. Vida, su voz le dijo esto es vida, una mariposa, una trucha, un insecto, un ciervo, la voz repetía ante todos, vida. Un cóndor se posó, su energía su unió, y volaba, se despegó y tenía sus propias alas. La voz le dijo, Cristal. Nuevamente era un trompo en el cielo.
La luz venía y su cuerpo la irradiaba con la misma forma del citrino, la voz dijo: soy portal, soy luz, soy vida
Al ver a la ballena en el océano entendió su conexión con ella, su memoria estaba ahí, en ese Ser, ella era como un cristal guardando sus energías, con plena coherencia, fuerza pacífica y sanadora. Su voz le recordó, simplemente en tu momento es el tiempo oportuno, en tu lugar es la tierra sagrada, en tus aguas se bendicen todas, cada desconocido puede ser tu ser más amado de cualquier  vida

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viernes, 7 de octubre de 2011

ARMONIA


CODIGO ARMONIA


La luz del sol en ese momento le daba un dejo de turquesa a todo el valle, las nubes se detenían a observar, suspiraba el viento y todo seguía su flujo.
Sus ojos buscaron el cielo, luego su corazón se ancló en la tierra.
Las hojas se enroscaban en una espiral, la enredadera trepaba del mismo modo,  las semillas en la flor del girasol y su caracola. El interior de la manzana guardaba una estrella, un pentágono, o el fruto guardaba con su carne la chispa de luz de nueva vida.
La música que había tocado la banda en el pueblo incitaba a marchar, el himno que tocó aquella orquesta exaltaba la fuerza y, de algún modo la carencia y el odio, al escucharlo el chacra base de Kiato se había alterado, su mente había cambiado y su corazón extraviado.  
Ahora en el valle lo entendía, las hojas de los árboles con el paso del viento creaban un sonido pacífico que lo serenaban y lo unía a la tierra y al cielo.  Aquel himno lo había exaltado, y ahora recordaba como sus pies habían simulado un caminar rítmico, sus brazos colgado como péndulo y había marchado a la guerra, consonantes y disonantes ayudaban a romper su calma y arrebatarle un poco de sí para llenarlo de ruidos.
Kiato comprendió, parte.
La naturaleza mantenía una música sutil en todas sus cosas, proporciones, el giro de la fuerza siempre mantenía la misma dirección hasta diluirse y transformarse, él podía seguir esa música que lo unía al cosmos sin perder ni un rastro de sí, ganando más y más conciencia.
Recordó otras músicas, la melodía de una vieja canción china,  una de medio oriente, las bagualas de la puna, la zamba… la afinación de cada una de ellas era distinta, lo que expresaban y no todas usaban acordes o notas que sonaran conjuntamente, la percusión era distinta en cada región. Reflexionó, cada una utiliza un sistema y toca una fibra de nuestro ser, despiertan emociones que resuenan con una intención, que acompañan un tiempo y espacio. Algunas eran melodías que se unificaban al paisaje, pero había otras que creaban paisajes nuevos,  bellos, plenos o desolados y desbastados. Nuevamente el himno sonó por un momento en sus recuerdos, el ruido de los tamborines exaltando la sensación de apremio, de terror e impulsando el corazón a tomar el ritmo duplicado y ajeno al cuerpo,  todo listo para la acción del combate guiado por los bronces de unos clarines, que acallaban cualquier conexión con el propio ser.
Los pájaros subieron el tono, casi imperceptible, estaban colaborando con Kiato, ayudándolo a ver, lentamente los zorzales cambiaron la música y lo aliviaron, le llenaron de espacio y vaciaron de himnos su corazón.
Comprendió un poco más.
La música de los seres humanos se basa en estatutos culturales, en cánones de belleza, y en su frecuencia pueden contener todas las intenciones y cuando son impuestos por la fuerza de su volumen o la reiteración constante de la melodía, no respetan el libre albedrío.
El viento pasó entre los pastos, los juncos y las cañas, una nueva melodía, iluminó la vista.
La armonía del cosmos es sencilla, las energías resuenan al estar en el mismo espectro de luz, en la misma frecuencia,  no hay paraíso ni infierno, hay lugares de resonancia en donde los tonos buscan su vibración. Nada más, nada menos, un lugar donde cada ser encuentra su lugar desde donde observar el Universo y decidir ir un poco más cerca de Dios.
Levantó la vista, las estrellas ya brillaban, la galaxia también resonaba en una frecuencia, una espiral estaba dibujada.
Cuando sus pensamientos se acallaron, estiró sus brazos y danzó en torno al fuego de su corazón, la música era primitiva, como el inicio del espiral, el amor que irradiaba se expandía como nebulosas de una galaxia… el viento se detuvo sobre él y suspiró en Armonía.


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